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Sensibilidad o Sordera

Publicado el 28 Ee diciembre Ee 2017 a las 15:55


Vivimos en una época en que la sensibilidad se ha vuelto en mega voltaje. Los espectáculos musicales son casi peor que las discotecas y el gran nivel de volumen sonoro que está de moda hoy día puede dañar irreversiblemente la capacidad de audición.

“Hacer conciencia de que una vez que pierdes la capacidad de oír, ésta no regresará.”

https://www.sopitas.com/451403-los-conciertos-de-rock-pueden-danar-tus-oidos-en-28-segundos/


La potencia de los súper-altavoces y amplificadores, por incentivar aún más la electrónica, que es algo artificial, o sea, nada natural para nuestros oídos, está convenciendo a jóvenes y no tan jóvenes a creer que la sensibilidad es algo que viene determinado por cuánto es el máximo que puedes soportar de volumen sonoro en un espectáculo musical.


Si bien esto es de un efecto mayor en el público en general que el sonido más tenue (puede que muchos ya estén afectados y por eso necesiten tal cantidad de vatios), artísticamente hablando estamos en las antípodas de lo que se creía por sensibilidad hace casi dos siglos y medio.


Sí, por aquel entonces no había electrónica y no se puede conocer cuál sería su opinión, pero sí existían cañones…


Con esto quiero ir a parar, a esclarecer al público que la sensibilidad no es lo que creen que es. Cantar con el alma no es cantar para que te estalle el tímpano. La sensibilidad son caricias, y juegos, giros entre caricias. Despierta más los sentidos una caricia que una bofetada.


¿Qué es entonces un espectáculo musical con sensibilidad?


Bien, hacía más de dos siglos, digo, existían por entonces unos instrumentos que se denominaron pianofortes o fortepianos. Antecesores al piano. Estos instrumentos no es que solo pudieran realizar sonidos suaves (piano) y fuertes, pues apenas sonaban fuertes… Sino que eran pura sensibilidad, sublimes intenciones entre las cuales se podía empezar a jugar en los instrumentos de tecla con variaciones de intensidad (dinámica). Tal fue el invento que fue sustituyendo al clavicémbalo, el cual solo podía realizar variaciones de intensidad mediante duplicaciones o cambios de registros pero no por la pulsación de las teclas con los dedos.


¿De veras una música así puede tener interés?


Mozart y Beethoven era el instrumento que manejaron. Bach un siglo antes ya alcanzó a ver un fortepiano Silbermann.


Luego, ¿realmente podemos pensar que si no mereciera la pena este instrumento los dos compositores más famosos de la historia habrían sido capaces de realizar lo que crearon?


Me tomé la molestia de revisar estos instrumentos en el Patrimonio Nacional, hace unos meses, bueno, lo que queda de ellos, debido al poco interés como instrumentos sino como muebles. Pero pude apreciar el inmenso amor por el arte de la música. Se ve que eran joyas.


Félix Máximo López (Madrid, 1742-1821, Madrid), fue primer organista de la Real Capilla (Palacio Real de Madrid), cuyo magistral retrato figura en el Museo del Prado, sala Vicente López. Ha sido un compositor arrinconado en un oscuro ostracismo, como muchos otros de su época. Pues incluso hoy, a pesar de mi esfuerzo y de otros colegas, no llega a ser lo suficientemente conocido en general para que por el nombre sepan quien fue o le reconozcan por su música. De hecho, mi edición comercial de la Integral de las sonatas para pianoforte es la única que existe. ¿Fue mal compositor, o no lo suficientemente genial? A mi juicio sí tiene interés, si no estaría dedicando mi trabajo a otra cosa. Fue gran conocedor de las danzas españolas antiguas y un maestro de la música.


Cuando el gran Franz Liszt, genio indiscutible en vida y también ahora mismo, vino a España (1844-45) renegando de su novia Lola Montes -que creía española pero que descubrió que no, era irlandesa-, en busca de la autenticidad de la música de nuestro país de la cual pensó haberse enamorado, debió dar con las obras de F. M. López pues a las pruebas me remito: el tema de la danza española “la cachucha” que López emplea en su Ópera “El Disparate o La obra de Los Locos” y Liszt en su “Grosse Konzert Fantasie Über Spanische Weisen”, y el tema del Minué Afandangado ("Minuet afandangado con 6 variaciones en Sol menor"), el cual desarrolla Liszt en su “Romancero Español” (obra descubierta por Leslie Howard en 2010).


El próximo 27 de Enero 2018, sábado, a las 18:00 horas realizo un nuevo recital monográfico (en piano) en el Salón de Actos de la Escuela Sotomesa en Madrid (C/Santa Cruz de Marcenado, 1 -28015), después de cuatro recitales monográficos de este autor en 2017. Sin ningún aporte de Institución pública o ayuda o subvención privada, a pesar de mis constantes requerimientos, pero que sí dedican a eventos con guitarra eléctrica o mega-vatios, potenciando la sordera.


http://www.albertocobo.com/agenda

Categorías: Conciertos, Conferencias, Escuelas

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